Espontàneamente un Ala
A Cesar Paredes Mattos, mi hermano
Evoca que ayer sobre la nieve
espàntosos frutos dibujaban un rostro
y la imaginaciòn desbordaba lineas de horizontes
que nunca rastrillaron palabras.
Sobre ellas el cùmulo
iluminaba la maldiciòn del àrbol
incriminado en la textualidad
del epitafio, sembrando columnas, espaciando naves.
Pero, la estrella descendiò a nuestros ojos
hasta golpearse con ellos y esa mirada
detallò que la nube no es màs alta al compararse
en una torre, con el silencio mortal
que da origen a las sombras.
Ten en cuenta, que sobrenòmbres y pseudònimos
son lo mismo quebrando el origen
de una piedra inhalando ninfas de lluvia
cuando la tormenta nos reclama
un pedazo de aire
y en ese titan deàmbulando en nuestros sueños
nace un silencio desesperado como la flor
del arte.
Esa flor batiendose en la yesca.
O el lampo errante de
una sombra.
En este caso de la luna y allì
espontànemante un ala.
Guillermo Isaac Paredes Mattos.
miércoles, 18 de agosto de 2010
martes, 17 de agosto de 2010
Según el Ruido
Segùn el Ruido
Un lenguaje que amara una palabra y que dijera en ella
todas las cosas. Sòlo una palabra.
Un significado lleno de metàforas, ahora y hoy que
la expresiòn recoge y recita el agua de
una encarnaciòn rompiendose en
el universo, como se rompe el tiempo.
Entradas de sarcòfagos y entrenamientos con expediciones
asoladas por estrèpitos de conocimientos tan nuestros
como una agonìa. Nadie muere con nosotros.
La muerte nos pertenece igual a un poema. Pero el poema
para encontrar su semàntica debe ignorarnos.
Y esa avenida desierta es embriagada por cúmulos que la
madrugada divisa llena de espejismos, antes de este momento.
Y luego marte. La noche de edipo, blanda y portentosa, igual
al músculo que no verà jamàs el porquè del articulo.
Hasta la inteligencia de una consonante, evoluciona entre vocales
débiles y fuertes al lado del alcohol y sobre todo lass espinas.
Y sobremanera etilicos vidrios, componen la suerte de una flauta
comprometida con teleologìas de lluvia.
Ante eso, mi convencimiento, repetiò como un alucinado
ese escrùpulo sembrado por claraboyas de azotes.
Acentos como la pus, tàcitos, abriendo esa mazmorra
decapitada por eléctricas, con sonidos de odios.
Aquellos que en mi corazòn me entregan la civilizaciòn
absolutamente semàntica, más que fonètica.
Guillermo Isaac paredes mattos.
Un lenguaje que amara una palabra y que dijera en ella
todas las cosas. Sòlo una palabra.
Un significado lleno de metàforas, ahora y hoy que
la expresiòn recoge y recita el agua de
una encarnaciòn rompiendose en
el universo, como se rompe el tiempo.
Entradas de sarcòfagos y entrenamientos con expediciones
asoladas por estrèpitos de conocimientos tan nuestros
como una agonìa. Nadie muere con nosotros.
La muerte nos pertenece igual a un poema. Pero el poema
para encontrar su semàntica debe ignorarnos.
Y esa avenida desierta es embriagada por cúmulos que la
madrugada divisa llena de espejismos, antes de este momento.
Y luego marte. La noche de edipo, blanda y portentosa, igual
al músculo que no verà jamàs el porquè del articulo.
Hasta la inteligencia de una consonante, evoluciona entre vocales
débiles y fuertes al lado del alcohol y sobre todo lass espinas.
Y sobremanera etilicos vidrios, componen la suerte de una flauta
comprometida con teleologìas de lluvia.
Ante eso, mi convencimiento, repetiò como un alucinado
ese escrùpulo sembrado por claraboyas de azotes.
Acentos como la pus, tàcitos, abriendo esa mazmorra
decapitada por eléctricas, con sonidos de odios.
Aquellos que en mi corazòn me entregan la civilizaciòn
absolutamente semàntica, más que fonètica.
Guillermo Isaac paredes mattos.
lunes, 16 de agosto de 2010
Descenlaces clìnicos
Clìnica esfera, ahora tus palacios de redes
son monarquìas antiguas, besos industriales.
Sobre una tumba los retoques reencarnan
ese trepidar de arterias, esa fracciòn del
mito, decrepito y hasta un monopolio de algas.
De què manera la corriente deàmbula en
aquellos maleficios que la cresta devuelve
a la flauta. Cùal secreto es de todos los
estigmas, aquel alimentando nubes. Preguntàbamos.
Fragatas y estigios, formaban el perihelio
donde la sombra era ensenada de contusiòn,
propaganda barrosa de los desengaños, el sì
de una afirmaciòn errante como un velo.
Pero esa ambiciòn llevaba cancerberos
motines de una pupila, adolescentes engranajes
pornografos lirios.
Todo en pos de un martillo.
Con èl desasimentos de tallos
invadieron los pètalos.
Con èl la oportunidad de raspar el color
donde nace el instinto, volviò a los techos.
Y sobre el suelo aguardamos aùn
que un cataclismo -linguistico- los
devuelva a nosotros.
Y eso sucederà como sucediò al hombr0e.
A travès de una caida.
Guillermo Isaac Paredes Mttos.
Guillermo
son monarquìas antiguas, besos industriales.
Sobre una tumba los retoques reencarnan
ese trepidar de arterias, esa fracciòn del
mito, decrepito y hasta un monopolio de algas.
De què manera la corriente deàmbula en
aquellos maleficios que la cresta devuelve
a la flauta. Cùal secreto es de todos los
estigmas, aquel alimentando nubes. Preguntàbamos.
Fragatas y estigios, formaban el perihelio
donde la sombra era ensenada de contusiòn,
propaganda barrosa de los desengaños, el sì
de una afirmaciòn errante como un velo.
Pero esa ambiciòn llevaba cancerberos
motines de una pupila, adolescentes engranajes
pornografos lirios.
Todo en pos de un martillo.
Con èl desasimentos de tallos
invadieron los pètalos.
Con èl la oportunidad de raspar el color
donde nace el instinto, volviò a los techos.
Y sobre el suelo aguardamos aùn
que un cataclismo -linguistico- los
devuelva a nosotros.
Y eso sucederà como sucediò al hombr0e.
A travès de una caida.
Guillermo Isaac Paredes Mttos.
Guillermo
Pròlogo a lo Divino
Pròlogo de la Divinidad
Recorràmos un àlamo.
Es cierto que se extingue en la humedad
de una amarga platea.
Concibiendo su orgasmo, excomulgado
del orbe.
Luego el cenotafio del estribor
une minos a la palabra tauro.
Hay una lògica aquì que te llevarà
a otro sonido, màs que a
una palabra.
Pero recorràmos un àlamo.
Insidioso sobre la renciciòn de una sombra
en lo enhiesto, cuando èsta dilata
una exhortaciòn, opulencias
de auges en la cornea
de un apogeo
insinuado por los trenes.
Tambièn por los dirigibles.
Creì pertenecer a su providencia
pero ella dialògo con
otras cuidades, con otras tradiciones
y no existen pròlogos para un ser,
cuando sus caminatas desbordan el
sentido de su libro en la arena.
Ahora que estoy dormido.
Ahora que sòlo el mar lee en èl.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
Recorràmos un àlamo.
Es cierto que se extingue en la humedad
de una amarga platea.
Concibiendo su orgasmo, excomulgado
del orbe.
Luego el cenotafio del estribor
une minos a la palabra tauro.
Hay una lògica aquì que te llevarà
a otro sonido, màs que a
una palabra.
Pero recorràmos un àlamo.
Insidioso sobre la renciciòn de una sombra
en lo enhiesto, cuando èsta dilata
una exhortaciòn, opulencias
de auges en la cornea
de un apogeo
insinuado por los trenes.
Tambièn por los dirigibles.
Creì pertenecer a su providencia
pero ella dialògo con
otras cuidades, con otras tradiciones
y no existen pròlogos para un ser,
cuando sus caminatas desbordan el
sentido de su libro en la arena.
Ahora que estoy dormido.
Ahora que sòlo el mar lee en èl.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
domingo, 15 de agosto de 2010
El Abismo de los Acertijos
Los abismos de los Acertijos.
Decidimos habitar la tierra
porque el viento jamàs fuè nuestro lenguaje.
Decidimos tal plastilina.
Porque allà hablaban sòlo los pàjaros.
La posibilidad de ser borrados de la arena
estaba en la voluntad del desierto.
Cruzamos ese desierto como un cabello,
solos, atiborrados de indicios, en los atisbos
del corazòn, su cansancio, alguna
de sus naves.
No estamos dispuestos a vivir, tanto como
a crear mentiras.
Todas las cùpulas debieron morir para ser
nuestras, pero cada vez sus glaciares
fueron màs grandes.
Llevaron la visiòn de la sensibilidad
pero ni con ese augurio,
con esa pàgina de presagios
amenazaron el termino detràs
de la delicia.
A veces pienso en mì
para desterrar todo lo general que hago.
Me detengo en eso que no es trascendencia
ni busqueda.
Y aùn alejàndose, al crearse remota,
es lo ùnico que logra ser
conjurado.
No sè cùal es su lecho
la hora puntual de su acontecimiento
sus amaneceres con diatribas de señales
y pseudoadrenalinas
como las que yacen en un calendario.
O un sìmbolo de puñales
atrapado en los abismos de
un acertijo.
Guillermo Isaac Paredes Mattos.
Decidimos habitar la tierra
porque el viento jamàs fuè nuestro lenguaje.
Decidimos tal plastilina.
Porque allà hablaban sòlo los pàjaros.
La posibilidad de ser borrados de la arena
estaba en la voluntad del desierto.
Cruzamos ese desierto como un cabello,
solos, atiborrados de indicios, en los atisbos
del corazòn, su cansancio, alguna
de sus naves.
No estamos dispuestos a vivir, tanto como
a crear mentiras.
Todas las cùpulas debieron morir para ser
nuestras, pero cada vez sus glaciares
fueron màs grandes.
Llevaron la visiòn de la sensibilidad
pero ni con ese augurio,
con esa pàgina de presagios
amenazaron el termino detràs
de la delicia.
A veces pienso en mì
para desterrar todo lo general que hago.
Me detengo en eso que no es trascendencia
ni busqueda.
Y aùn alejàndose, al crearse remota,
es lo ùnico que logra ser
conjurado.
No sè cùal es su lecho
la hora puntual de su acontecimiento
sus amaneceres con diatribas de señales
y pseudoadrenalinas
como las que yacen en un calendario.
O un sìmbolo de puñales
atrapado en los abismos de
un acertijo.
Guillermo Isaac Paredes Mattos.
viernes, 13 de agosto de 2010
Memoria de la Espada
Memoria de la Espada.
Reconocemos entre la inspiraciòn
un verbo que logra deshacerse de nosotros.
Certeramente el festìn del milagro.
Tal vez un prodigio
delatando una civilizaciòn
trajinando en las copas groseramente.
Jamàs como un graznido.
Medito en ello, ahora que debajo
de mi cuerpo, el devenir presiona su talento.
La finalidad del mismo es alejarme.
Y cedo a èl, varado en la ultima
de las espadas, inmemorial y extraño
como un mercader de nada.
Como toda noche, su distancia
es peregrinaje a la desolaciòn,
allì el halo es tuerto
y su alma rebusca entre devaneos
de fraude, esa historia que sea
la crònica de un bùfalo,
esa leyenda volviendo a la emociòn,
a la vida del reloj, esa profesiòn
llena de alma en los tìmpanos
cuando tiempo y espìritu
reclaman para si un cayado.
Sin darse cuenta que ello
los llevarà al sacrificio
dando origen a un patriarca.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
Reconocemos entre la inspiraciòn
un verbo que logra deshacerse de nosotros.
Certeramente el festìn del milagro.
Tal vez un prodigio
delatando una civilizaciòn
trajinando en las copas groseramente.
Jamàs como un graznido.
Medito en ello, ahora que debajo
de mi cuerpo, el devenir presiona su talento.
La finalidad del mismo es alejarme.
Y cedo a èl, varado en la ultima
de las espadas, inmemorial y extraño
como un mercader de nada.
Como toda noche, su distancia
es peregrinaje a la desolaciòn,
allì el halo es tuerto
y su alma rebusca entre devaneos
de fraude, esa historia que sea
la crònica de un bùfalo,
esa leyenda volviendo a la emociòn,
a la vida del reloj, esa profesiòn
llena de alma en los tìmpanos
cuando tiempo y espìritu
reclaman para si un cayado.
Sin darse cuenta que ello
los llevarà al sacrificio
dando origen a un patriarca.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
miércoles, 11 de agosto de 2010
La Arboleda del Fuego
La Arboleda del Fuego
Cuando un demonio te toma de la mano
arrancàndote el rocìo.
Y traen sus primicias, tropeles raìdos
marejadas en busca dela enfermedad,
uan disputa con el ayer porque sòlo
estaba compuesto de homicidas.
Por ello, celebrabas en tu piel
ese anuncio donde las campanas eran
de barro, edificios de aliento
despertados por la tempestad
iniciados del esoterismo
y el tormento. Navegantes de pies
sin grandeza, manticamente de
polietileno y lluvia,
relente escarcha, que alimentaste
la nieve, junto escafandfras cada noche
para oir en la savia
el canto de la nausea.
En ese reflejo que el mar alarga
y aquieta, tu corazòn crea legañas de frìo
un horizonte sepultado por la reminiscencia
y ese andar de los funerales
domados por la magia.
Mientras el interior conlleva una elegancia
de lugubre perro y chimenea
humareda y latigo anestèsico,
lenguaje de aquel hasta el màs forzado
torpor de lo invisible.
En una llave de sol, sino de alambra
quìmico martir de fè,abominable piràmide
de ruedas.
Junto al lamento y sus cadenas
su pardo gas de efigie
su entrada tirànica al mundo
la pista escarlata, mirada apocalìptica
de mi pose, porque asi tambièn dobla
el hastìo, su duna
enlazada a dios por martinetes.
Cuando te lanzas, renegado y fiel
al parapeto, como un sabotaje de piel
en los poros e ignoras la tentaciòn,
el riesgo y su lactea premeditaciòn,
un atentado inmemorial que para
devorar tuvo un complice, la existencia.
Pero al margen de ese mundo, hubo
otro complice fraguando su corazòn en
los divino.
Nos arranco todo lo que pudo
arrancarnos la existencia.
Y su corazòn tiene el nombre del poema.
Guillermo Paredes mattos
Cuando un demonio te toma de la mano
arrancàndote el rocìo.
Y traen sus primicias, tropeles raìdos
marejadas en busca dela enfermedad,
uan disputa con el ayer porque sòlo
estaba compuesto de homicidas.
Por ello, celebrabas en tu piel
ese anuncio donde las campanas eran
de barro, edificios de aliento
despertados por la tempestad
iniciados del esoterismo
y el tormento. Navegantes de pies
sin grandeza, manticamente de
polietileno y lluvia,
relente escarcha, que alimentaste
la nieve, junto escafandfras cada noche
para oir en la savia
el canto de la nausea.
En ese reflejo que el mar alarga
y aquieta, tu corazòn crea legañas de frìo
un horizonte sepultado por la reminiscencia
y ese andar de los funerales
domados por la magia.
Mientras el interior conlleva una elegancia
de lugubre perro y chimenea
humareda y latigo anestèsico,
lenguaje de aquel hasta el màs forzado
torpor de lo invisible.
En una llave de sol, sino de alambra
quìmico martir de fè,abominable piràmide
de ruedas.
Junto al lamento y sus cadenas
su pardo gas de efigie
su entrada tirànica al mundo
la pista escarlata, mirada apocalìptica
de mi pose, porque asi tambièn dobla
el hastìo, su duna
enlazada a dios por martinetes.
Cuando te lanzas, renegado y fiel
al parapeto, como un sabotaje de piel
en los poros e ignoras la tentaciòn,
el riesgo y su lactea premeditaciòn,
un atentado inmemorial que para
devorar tuvo un complice, la existencia.
Pero al margen de ese mundo, hubo
otro complice fraguando su corazòn en
los divino.
Nos arranco todo lo que pudo
arrancarnos la existencia.
Y su corazòn tiene el nombre del poema.
Guillermo Paredes mattos
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