La Nave Encarnizada
La palabra se abre.
De acuerdo a ello pienso que el universo es diferente.
Que sus huellas forman esa inspiraciòn espantada
por el brillo
con el cual todo lenguaje la corona.
En estas evidencias de metal.
En los astrolabios de mi religiòn gamada
ante la aurora, contemplo
telescopios que
sobriamente envenenan
los ancestros y descendientes
de su vibrar, su grito epistolar
entre anaqueles
y laminas, llenando alientos
de vidriosos escolios,
donde el aura convierte breas en martires
como un ciclo de violines nocturnos
anhelando una flauta.
Y en esas armònicas demacradas.
En ese sonido manifestando su derecho
a la piedra
un estilo sin retorno se abre.
Simultaneamente en las calles
los niños corren dogmàticos
detras de las estrellas.
Los miro.
No queda mas examen cuando la cresta
descuelga mis manos.
No queda màs disturbios
cuando el ser de la palabra
abre sus entrañas.
Y a donde quiera que vaya
el poema es el trance
de una nave encarnizada.
Guillermo Isaac Mattos.
jueves, 8 de abril de 2010
El Labio del Minotauro
El Labio del minotauro
Sucede antes del mar y de cualquier presencia.
Inevitable como esta circunstancia
de àrboles y un purpura que desciende
hasta un sistema de noches
y constelaciones
quemandose en el arrojo.
Sucede y es verdad que nosotros miramos
algo en el dìa de lìricas y truenos
en la balanza de un beso
parecido al minotauro.
Dìa de luces y pergaminos
allà donde una medalla nos aguarda.
Cuantas veces sobre los equinoccios
dibujaron las galaxias
esa dimensiòn sin mas lucidez
que la espina en la llama
buscando el dolor
del fuego.
Y quisiera a veces detenerme
entablar un dialogo con seres
que visten de rayos
cuando nada los toca
cuando el desierto en ellos es ciudad
de modernas entrañas
recogiendo chimeneas y civilizaciones.
Por ello no me importa decirlo,
contemplar es siempre habitar encantamientos
manejar dirigibles
destruir bicicletas,
este mundo es de calles que extinguen centimentros
en una linea,
orbitada por peces o cardumenes
de idolatrìas
bastardas
como un niño dorado.
O la sed de un desierto.
Isaac Mattos
Sucede antes del mar y de cualquier presencia.
Inevitable como esta circunstancia
de àrboles y un purpura que desciende
hasta un sistema de noches
y constelaciones
quemandose en el arrojo.
Sucede y es verdad que nosotros miramos
algo en el dìa de lìricas y truenos
en la balanza de un beso
parecido al minotauro.
Dìa de luces y pergaminos
allà donde una medalla nos aguarda.
Cuantas veces sobre los equinoccios
dibujaron las galaxias
esa dimensiòn sin mas lucidez
que la espina en la llama
buscando el dolor
del fuego.
Y quisiera a veces detenerme
entablar un dialogo con seres
que visten de rayos
cuando nada los toca
cuando el desierto en ellos es ciudad
de modernas entrañas
recogiendo chimeneas y civilizaciones.
Por ello no me importa decirlo,
contemplar es siempre habitar encantamientos
manejar dirigibles
destruir bicicletas,
este mundo es de calles que extinguen centimentros
en una linea,
orbitada por peces o cardumenes
de idolatrìas
bastardas
como un niño dorado.
O la sed de un desierto.
Isaac Mattos
miércoles, 7 de abril de 2010
Frenos de Lluvia
Frenos de Lluvia
El que quiera frotar una làmpara que aprenda a atravesar
su desierto.
Ensenadas de promiscuidad.
Sufrimos de asteroides y planetarios celestes
dirigen sus azules.
Destinos de purezas ensortijan traiciones
y làtigos de escalofrìos
desvalijan almenas
educadas, tornando eternamente hacia el hilo
ahora que el hemisferio es
una atalaya.
Hiere el huracan su luna
su lectura intelectual del secreto,
hiere la expresiòn su ojeriza.
Apriorismos de verbo suben a la nube
y agil el dìa muerde su escayola.
Deliberadas colinas son evidencias de rasgos
y huertos fronterizos
conducen el estrèpito
a sus fantàsticos trances.
Milagrosos talìsmanes elaboran vaticinios
donde identidades de embrujo
barajan alucinaciones.
Dactilares suspensos son ramas del halo
impesionantes alturas crean un cosaco
desbaratando el presagio de horarios lacrimògenos
y lacrimògenos el sol y sus naipes
lacrimògeno la furia y las serpientes
el circuito del veneno mas dorado.
Riendas de larvas decapitan histriònes.
Impactos de arenas australes corrigen mi pulso
con gritos de cuervo.
Con bandadas con etiqueta enfrìanse el dòn
la maldiciòn hacia el vidrio
el un ser de lluvia recorriendo mi craneo
inmortalmente en sus frenos.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
El que quiera frotar una làmpara que aprenda a atravesar
su desierto.
Ensenadas de promiscuidad.
Sufrimos de asteroides y planetarios celestes
dirigen sus azules.
Destinos de purezas ensortijan traiciones
y làtigos de escalofrìos
desvalijan almenas
educadas, tornando eternamente hacia el hilo
ahora que el hemisferio es
una atalaya.
Hiere el huracan su luna
su lectura intelectual del secreto,
hiere la expresiòn su ojeriza.
Apriorismos de verbo suben a la nube
y agil el dìa muerde su escayola.
Deliberadas colinas son evidencias de rasgos
y huertos fronterizos
conducen el estrèpito
a sus fantàsticos trances.
Milagrosos talìsmanes elaboran vaticinios
donde identidades de embrujo
barajan alucinaciones.
Dactilares suspensos son ramas del halo
impesionantes alturas crean un cosaco
desbaratando el presagio de horarios lacrimògenos
y lacrimògenos el sol y sus naipes
lacrimògeno la furia y las serpientes
el circuito del veneno mas dorado.
Riendas de larvas decapitan histriònes.
Impactos de arenas australes corrigen mi pulso
con gritos de cuervo.
Con bandadas con etiqueta enfrìanse el dòn
la maldiciòn hacia el vidrio
el un ser de lluvia recorriendo mi craneo
inmortalmente en sus frenos.
Guillermo Isaac Paredes Mattos
Falange Dequeista
Epistolario Dequeista
Es un cìrculo y no un cuadrado.
Originalmente era una palabra.
Una palabra vive en el corazòn de toda pàgina, aguardando otra.
Por lo tanto su paciencia debe ser magistral,
su esperanza -si la tiene- a prueba de todo.
No emigra ni sutiliza,
no tiene porque vivir entre a realidad, pero ello
no significa desconocerla.
Para encontrarla su espìritu, debe ignorarla totalmente.
Es como relatar un poema sin ningun apogeo,
lejos de la època.
En los lìmites de una falange dequeista.
Originalmente una palabra,
luminosa al despreciar
y descubrir que sus figuras son sòlo descenlaces
y su visiòn arqueològica del poema
se llena de raices,
forma sus sìlabas acompañada
de toda maldiciòn y con ambas acaricia
y roza la tierra.
Esto ùltimo conlleva dos hechos totalmente diferentes,
opuestos como esa paràdoja de noche al
contemplar el cielo.
Entonces nos preguntamos còmo es posible
que se sostengan los astros.
Còmo estamos solos ante ellos y nada màs guìados
torpemente por la mirada.
Y buscamos una explicaciòn unidos a naves supersticiosas
a campos de vidrio
estelando la concentraciòn de un ejemplo
de un anhelo gamado ante la lluvia
en una canciòn de
diluvios.
Original y caminando en la naturaleza
se ensortijan galaxias
de modo que los seres que despiertan
llamados lenguajes
nunca vuelvan a decir lo que alguna vez
pronunciaron.
Su llegada a nuestra vida es una venganza
dejar el alma que nos pertenece
sobre su fisico cuerpo
la nuestra.
Y sin darnos cuenta el otro mundo del lenguaje
se derrama sobre
nosotros.
Guillermo Isaac mattos.
Es un cìrculo y no un cuadrado.
Originalmente era una palabra.
Una palabra vive en el corazòn de toda pàgina, aguardando otra.
Por lo tanto su paciencia debe ser magistral,
su esperanza -si la tiene- a prueba de todo.
No emigra ni sutiliza,
no tiene porque vivir entre a realidad, pero ello
no significa desconocerla.
Para encontrarla su espìritu, debe ignorarla totalmente.
Es como relatar un poema sin ningun apogeo,
lejos de la època.
En los lìmites de una falange dequeista.
Originalmente una palabra,
luminosa al despreciar
y descubrir que sus figuras son sòlo descenlaces
y su visiòn arqueològica del poema
se llena de raices,
forma sus sìlabas acompañada
de toda maldiciòn y con ambas acaricia
y roza la tierra.
Esto ùltimo conlleva dos hechos totalmente diferentes,
opuestos como esa paràdoja de noche al
contemplar el cielo.
Entonces nos preguntamos còmo es posible
que se sostengan los astros.
Còmo estamos solos ante ellos y nada màs guìados
torpemente por la mirada.
Y buscamos una explicaciòn unidos a naves supersticiosas
a campos de vidrio
estelando la concentraciòn de un ejemplo
de un anhelo gamado ante la lluvia
en una canciòn de
diluvios.
Original y caminando en la naturaleza
se ensortijan galaxias
de modo que los seres que despiertan
llamados lenguajes
nunca vuelvan a decir lo que alguna vez
pronunciaron.
Su llegada a nuestra vida es una venganza
dejar el alma que nos pertenece
sobre su fisico cuerpo
la nuestra.
Y sin darnos cuenta el otro mundo del lenguaje
se derrama sobre
nosotros.
Guillermo Isaac mattos.
sábado, 3 de abril de 2010
El Fìn de los Unicornios
El Fìn de los Unicornios
Todo hombre es un oráculo para otro.
Sófocles.
Una luz, un huerto, eso es todo, el ópalo
de una aguja en mis dedos y la noche
como un animal abrazada al desierto. Recuerdo,
vasto era nominar un retazo
amainar en los ojos el prrimer brilloauroral
sepultados hoy
en mi memoria, como un dios amado, ése,
que hoy descubro
nunca supo esperarnos.
Rondas todavìa el enhebro
mareas de rojo, latitudes y veleros,
quièn responde ahora junto a la tarde
quién lleva la imaginación por las colinas
despidiendo heroes
en cada descifrar, legendarios estigmas
bajo una alambrada
o el ruido del sol cuando cae a la arena
y el mar lo despedaza.
Y
Una piedra, una ciudad de verde recibiendo un corazón,
la tierra es un marco aún, una almena de
pàjaros sedientos
un duende que mira su destino y lo
entrega al hombre
sólo porque el brillo de sus ojos le recordaban un ente
el ser que planeaban sin alas por el cielo.
Sacerdotes de sal, alados, sobre cada celaje,
encada tremante
desesperados en su propia belleza,
sin ningùn mensaje
para los que
jamàs pudieron ahogar sus ansias en sí mismos
y aguardan aún que otra soledad los tome.
Pero no hay soledad que resista
màs que el peso de sus propios ojos,
soledad que no quiera llevar
a aquel que su casta ha elegido.
Cruza la noche un alma
y la del universo, atraviesa el espíritu
hermisferios y elipses, ciudades
de eter, cubriendo desde el devenir
terciopelos de arena y planetarios
dibujando figuras de islas y cronopios,
guardando sudores
en husares y luciernagas,
en bronces empalados por la ceniza
y ungidos sólo por la cresta. Allí he clavado mi vida,
mis manos enseñan
en la noche sus heridas a los astros y
sus orbitas conducen el fuego de un profeta
hacia la nada. Ese es el fín,
llegaràn cada noche los ùnicornios
pondrán sobre mi mesa candelabros y aspas,
pero en la penumbra
diré que sólo son molinos, estelas conduciendome
a amaneceres
de cera.
Y de nuevo todo habrà empezado.
Lima abril del 2006
Guillermo Isaac Paredes mattos
Todo hombre es un oráculo para otro.
Sófocles.
Una luz, un huerto, eso es todo, el ópalo
de una aguja en mis dedos y la noche
como un animal abrazada al desierto. Recuerdo,
vasto era nominar un retazo
amainar en los ojos el prrimer brilloauroral
sepultados hoy
en mi memoria, como un dios amado, ése,
que hoy descubro
nunca supo esperarnos.
Rondas todavìa el enhebro
mareas de rojo, latitudes y veleros,
quièn responde ahora junto a la tarde
quién lleva la imaginación por las colinas
despidiendo heroes
en cada descifrar, legendarios estigmas
bajo una alambrada
o el ruido del sol cuando cae a la arena
y el mar lo despedaza.
Y
Una piedra, una ciudad de verde recibiendo un corazón,
la tierra es un marco aún, una almena de
pàjaros sedientos
un duende que mira su destino y lo
entrega al hombre
sólo porque el brillo de sus ojos le recordaban un ente
el ser que planeaban sin alas por el cielo.
Sacerdotes de sal, alados, sobre cada celaje,
encada tremante
desesperados en su propia belleza,
sin ningùn mensaje
para los que
jamàs pudieron ahogar sus ansias en sí mismos
y aguardan aún que otra soledad los tome.
Pero no hay soledad que resista
màs que el peso de sus propios ojos,
soledad que no quiera llevar
a aquel que su casta ha elegido.
Cruza la noche un alma
y la del universo, atraviesa el espíritu
hermisferios y elipses, ciudades
de eter, cubriendo desde el devenir
terciopelos de arena y planetarios
dibujando figuras de islas y cronopios,
guardando sudores
en husares y luciernagas,
en bronces empalados por la ceniza
y ungidos sólo por la cresta. Allí he clavado mi vida,
mis manos enseñan
en la noche sus heridas a los astros y
sus orbitas conducen el fuego de un profeta
hacia la nada. Ese es el fín,
llegaràn cada noche los ùnicornios
pondrán sobre mi mesa candelabros y aspas,
pero en la penumbra
diré que sólo son molinos, estelas conduciendome
a amaneceres
de cera.
Y de nuevo todo habrà empezado.
Lima abril del 2006
Guillermo Isaac Paredes mattos
La lìnea de la Inspiraciòn
La lìnea de la Inspiraciòn
No soy el que sucede, las cosas se derraman miestericas
y puras
conquistando alabastros, la nociòn
astrofìsica donde el mundo hiere
un dirigible
con grilletes de plomo.
Pero no hay herida que no sea belleza.
La ùnica cuya vida està màs allà de los cielos.
El ùnico que sin buscar hermetismos castiga
el juego del cometa en su alma.
La partida del peòn y el cuadrado
de fuego en su interior.
Asi descansè entre las cosas.
Seres de mercurio y tambores de acido
buscaban mi cuello cada noche
e iluminados por ese fuselaje
dormìan en universos de angustia
y empujaban su angustia a la mìa.
Sin saber que en mi corazòn creciò como un
jardìn de chacales
envueltos por pètalos.
La angustia es sòlo el roce del papel
escondido en un poema.
Y no tengo necesidad de un papel o un poema.
Son ellos quienes buscan la percusiòn
en la piel del tiempo cada dìa.
Entonces nace el vidrio de èsta criatura.
Y la lìnea de la inspiraciòn en sus
truenos.
Guillermo Isaac paredes mattos.
No soy el que sucede, las cosas se derraman miestericas
y puras
conquistando alabastros, la nociòn
astrofìsica donde el mundo hiere
un dirigible
con grilletes de plomo.
Pero no hay herida que no sea belleza.
La ùnica cuya vida està màs allà de los cielos.
El ùnico que sin buscar hermetismos castiga
el juego del cometa en su alma.
La partida del peòn y el cuadrado
de fuego en su interior.
Asi descansè entre las cosas.
Seres de mercurio y tambores de acido
buscaban mi cuello cada noche
e iluminados por ese fuselaje
dormìan en universos de angustia
y empujaban su angustia a la mìa.
Sin saber que en mi corazòn creciò como un
jardìn de chacales
envueltos por pètalos.
La angustia es sòlo el roce del papel
escondido en un poema.
Y no tengo necesidad de un papel o un poema.
Son ellos quienes buscan la percusiòn
en la piel del tiempo cada dìa.
Entonces nace el vidrio de èsta criatura.
Y la lìnea de la inspiraciòn en sus
truenos.
Guillermo Isaac paredes mattos.
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